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SOMOS VIRALES

Escrito por Jon Llaguno

Desde que los autónomos somos “Emprendedores” y las empresas son “StartUps”, estamos viendo como los profesionales del marketing nos aferramos a la idea de cambiar el nombre de las cosas para vender más o llegar a una mayor cantidad de público. En esta línea, lo que antes era dar respuesta a los usuarios ahora se llama “Community Management” y lo que hasta hace relativamente poco se conocía como “boca a boca” se define ahora como “Marketing Viral”. Somos muchos los profesionales que buscamos convertir nuestras campañas en un elemento viral que llegue a todo ser humano en la tierra aunque, lo que en ocasiones dejamos de lado es el hecho de que, el ser humano, es en sí mismo la mejor herramienta viral.

La viralidad es natural e inherente al ser humano. Todos contamos “chascarrillos”, curiosidades, secretos o novedades impactantes en respuesta a una impetuosa necesidad natural: la necesidad de comunicarse. ¿Quién no conoce el chiste que dice que para qué vas a acostarte con Claudia Schiffer si no puedes contarlo? Esa, señoras y señores, es la esencia del marketing viral. A partir de ahí, un par de fotos borrosas, un titular morboso y el logo de una marca en una esquina de la imagen convierten la campaña en un éxito de envergadura mundial.

Como profesional, debo admitir que es muy complicado plantear una campaña de marketing viral ya que no existe la receta del éxito ni un elemento clave que diferencia un buen viral de uno malo. Siempre es conveniente involucrar al espectador a nivel emocional a través de la alegría. En los tiempos que corren, las personas queremos compartir sonrisas y esa debe ser la base de una campaña viral. Terminar el “anuncio” (en cualquier formato) con algo que provoque una sonrisa provoca el “se lo voy a mandar a Paco para alegrarle el viernes”… Del mismo modo, el hecho de que un viral tenga éxito supone un importante aliciente para la marca, ya que el contenido se comparte de manera gratuita alcanzando resultados que no se lograrían con una importante inversión en medios.

Como ejemplo destacado, debo mencionar el “vídeo de un japo raro bailando como un caballo” (como me lo enviaron por correo). Ni baila como un caballo ni es un “japo raro”, pero estoy seguro de que sabes perfectamente a qué vídeo me refiero… El “Gangnam Style” no ha batido records por la profundidad de su letra ni por ser el cúlmen de una elaborada evolución y carrera en el mundo discográfico; ha logrado convertirse en un éxito referencial por el mero hecho de que la gente, a nivel mundial, lo ha querido compartir. Ni siquiera sabemos pronunciar el título de la canción, pero nos parecía un vídeo cachondo para mandar a nuestros amigos… Eso es viralidad en su máxima expresión.

Hideo Kojima, un referente a la hora de aplicar marketing viral a sus campañas.

En este sentido, en el ámbito del ocio electrónico también existe la viralidad (o la pretensión de alcanzarla). Las compañías, conscientes de que esta modalidad de comunicación supone aumentar el alcance de sus campañas, piden a las agencias elementos virales, lo que unido al hecho de que los videojuegos son, de por sí, un importante reclamo para la atención del espectador y su “necesidad de comunicar”, logran elementos muy llamativos. Veamos, a modo de cierre y por alegrar el viernes, algunos ejemplos destacados de lo que hemos comentado que seguro que recordaréis.

 

Más adelante hablaremos de los diferentes elementos de una campaña viral o sobre ejemplos destacados de otros sectores, aunque creo que para abrir boca ha sido suficiente para un viernes… ¿Conoces otros ejemplos que quieras compartir o tienes algo que añadir al respecto?

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Acerca del autor

Jon Llaguno

Profesional de la comunicación y el marketing estratégico en el sector de los videojuegos, el ocio electrónico y los esports. También me gustan las películas de superhéroes, cocinar de vez en cuando y gritar "¡BANZAI!" cuando estoy solo.

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